¡Obligar
a leer qué horror! A nadie se obliga. Yo
digo que depende, si es un país donde el analfabetismo es una cifra alta dentro
de las estadísticas, obligaría como estado a aprender a leer y
escribir a todo el mundo. Pero como no creo en
políticos, ni estado, ni votos libres de corrupción, esta utopía que todo el
mundo tenga acceso al aprendizaje la envuelvo y centro la historia sobre cómo me obligaron
a leer y aunque parezca un horror doy gracias a Dios, a mi madre y mi profesora
de literatura. Mi santa madre nos enseñó (a mi hermano y a mí) las vocales y
aprendimos con ella a escribir y leer
antes de entrar al colegio. Claro cuando llegamos a kínder ya sabíamos
muchas cosas y por ser “tan inteligentes”
(aquí es cuando Marce salta) nos pasaron a primero. A mi madre le
gustaba cantar mientras planchaba y de paso mi hermano y yo con cancionero en
mano tratábamos de seguirle el paso a cada sílaba. Así comenzó mi lectura con
un cancionero.
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19 de septiembre de 2011
¡Me obligaron a leer!
¡Obligar
a leer qué horror! A nadie se obliga. Yo
digo que depende, si es un país donde el analfabetismo es una cifra alta dentro
de las estadísticas, obligaría como estado a aprender a leer y
escribir a todo el mundo. Pero como no creo en
políticos, ni estado, ni votos libres de corrupción, esta utopía que todo el
mundo tenga acceso al aprendizaje la envuelvo y centro la historia sobre cómo me obligaron
a leer y aunque parezca un horror doy gracias a Dios, a mi madre y mi profesora
de literatura. Mi santa madre nos enseñó (a mi hermano y a mí) las vocales y
aprendimos con ella a escribir y leer
antes de entrar al colegio. Claro cuando llegamos a kínder ya sabíamos
muchas cosas y por ser “tan inteligentes”
(aquí es cuando Marce salta) nos pasaron a primero. A mi madre le
gustaba cantar mientras planchaba y de paso mi hermano y yo con cancionero en
mano tratábamos de seguirle el paso a cada sílaba. Así comenzó mi lectura con
un cancionero.
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