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9 de septiembre de 2008

Otra vez la edad....

Cumplir 56 años no es fácil, ni 30, ni 40 en fin la realidad es que yo pertenezco a un grupo donde la moda no incomoda siempre y cuando sea uno original, elegante y sea uno mismo, sin rayar en lo ridículo: verse bien es sentirse bien, sentirse bien es verse mejor, Pendejadas que terminan redundando en alimento espiritual. Esto lo dijo mi hijo en Conversum y tiene razón; vuelvo a la edad, sé que tengo 56 años y me visto como cualquier ciudadana, mentiras, las señoras de casi 60 años se visten con sastres, faldas a los tobillos, blusas con flores o florones, pelo corto y cadenitas de oro, yo no, vivo en jeans, camisetas, blusas con escote o descote, aretes grandes, collares, pulseras, a veces me pongo un “tenni” anaranjado y el otro también (y rosados) sin pasarme de la raya, me siento muy bien así. El domingo pasado fui con mis hijas a un centro comercial (cuando salgo con mi gente, me encanta arreglarme, verme bien, sentirme bien) ellas iban a comprar zapatos, entramos a un almacén donde había calzado caro, barato, bonito, feo, en promoción, como cualquier almacén, la empleada muy atenta atiende a mis hijas y les muestra tacones doce y medio, blancos, plateados, dorados, rojos, negros, yo los veo y digo: qué lindos, me encantan, la dulce empleada me mira como con algo de ternura (si lo puedo llamar así) y me dice: para usted le tengo unos especiales, ideales para usted, son ORTOPÉDICOS y me muestra unas plastas negras que sólo la mamá de ella seguramente se las pone. La vida me ha enseñado que ya no peleo, ya no grito, ya no me sulfuro, con tono suave pero enérgico le dije: niña, sé que tengo 56 años, pero míreme, y míreme de arriba abajo, seré de las personas que usen esos zapatos? Y me salí. Creo que el almacén perdió una clienta. Nótese las sandalias que llevo