14 de mayo de 2008

El Hada que hizo llorar al Sauce

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2002Summer of 300 Years

Sus alitas eran transparentes, cambiaban de color cuando reía, pero se iluminaban con cada carcajada, cada grito de alegría; los visos iban del rosado al azul, al verde, al violeta, al amarillo, con una facilidad que todos se contagiaban a medida que pasaba por el sendero; era como el faro que ilumina a quienes pierden su rumbo.

Todos los días se acercaba al sauce, un hermoso árbol, triste, melancólico, sus gotas de rocío parecían lágrimas a punto de caer y rodar por ese mismo sendero por donde ella aparecía siempre, bella, diminuta, pero con un alma más grande que el mismo bosque. El viejo sauce parecía otro, cuando sus charlas con ella, se extendían por horas y horas, cada minuto había algo que contar y cada segundo tenían algo por qué reír.


Una mañana el sauce le pregunta: ¿Harías un sacrificio por alguien ?

Ella no dudo en contestar:

- Sí, por el amor,

- pero el amor no es nadie

- Sí, es algo y es alguien, algo que sientes por alguien, insistía ella.

Ese alguien llegó y con él otras alitas aparecieron en el bosque, ella ya no estaba sola, su mirada era aún más bella, sus colores brillaban más y su risa contagiaba todos los rincones.

Muchos años pasaron y ella seguía visitando al viejo árbol, cada vez el sauce veía que su amiga envejecía, su alma aunque era la misma, estaba agotada, su risa llenaba el vacío que se metía por los rincones más agrestes pero ya no alcanzaba el universo.

Sus alas se adormecieron junto a su amigo:

qué tienes alma de Dios? Pregunta el sauce.

-¿por qué lloras?

¿por qué tu pelo está plateado ?


Sus manitas tocaron la piel áspera de su amigo y con ternura le dice:

-Hoy tengo la respuesta a tu pregunta. Cuando mis hijos nacieron, prometí al universo que por cada dolor que ellos sintieran en su corazón, yo envejecería cinco años para que ese dolor no los tocara y fueran felices siempre, hoy son felices, sus alitas juegan por el bosque, vibran felices, llenos de amor y alegría.

- Hoy llego a mi final, este es el sacrificio de algo por alguien a quien amo más que a mi vida, mis hijos.

Suavemente el sauce puso sus verdes hojas sobre ella, su llanto le hizo recordar cuánto había reído y cuánto la había amado, ella fue la única que lo hizo reír, la única que fue un faro para iluminar el bosque, la única que dio su belleza por cada dolor y cada lágrima derramada por sus hijos. El bosque quedó en silencio, pero se oían las risas de otros seres que ahora iluminaban el sendero por donde ella siempre aparecía…

6 comentarios:

  1. Anónimo1:24 p.m.

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  2. Muy linda la historia, bellísima. Esa es exactamente la vida. Ojalá todos tengamos el momento de iluminar para darle luz a quienes nos rodean.

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    Un besote

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  4. Anónimo1:35 p.m.

    Por qué las mamás tiene que sufrir por los hijos? no es justo

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  5. Anónimo9:26 p.m.

    Quieralo que no, es la historia que dia a dia se repite...me parece ver a mi abuela, riendo, cargandonos, cociendo, cocinando, atendiendonos, contandonos cuentos y el paso de los años letales minandola poco a poco a pesar de su vitalidad...a los 97 dijo con amor..hasta hoy los acompaño...ahora veo la misma historia en mi madre y en mi hermana con su primer nieto...Todas las madres son HADAS de amor que gastan su vida por darnos lo mejor.
    Rodrigo

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  6. Anónimo9:28 p.m.

    perdon por el horror ortografico COSIENDO .
    Rodrigo

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